martes, 23 de agosto de 2016

En el Norte de Tenerife

“Peninsulares” los llaman aquí, en esta tierra, Tenerife. No es con ánimo de menospreciar, ni mucho menos, pero sí de diferenciar a los que somos insulares de los que nos llegan del resto de España con el, desgraciadamente, desconocimiento de la idiosincrasia de estas islas, de su cultura, su Historia o incluso las posibilidades turísticas que Tenerife ofrece a quienes quieran visitarla.
A nuestra isla canaria se la reconoce mundialmente por sus playas, por su sol y por sus magníficos hoteles. Así es como se la vende a nivel internacional sin reconocer que el nombre de “Tenerife” no es el de una ciudad, sino el de toda una isla, con una amplia extensión, con abundantes microclimas, con muchos municipios tradicionales distintos, y con mucho más que ofrecer que unas simples playas por muy buenas que éstas sean.
Cuando me llaman para preguntarme siempre procuro venderle nuestras tradiciones, decirles que se olviden exclusivamente de playas y de pensar únicamente en un todo incluido para ni tan siquiera salir del hotel. La isla de Tenerife tiene una naturaleza espléndida, Parques Naturales impresionantes y por supuesto, la mayor montaña de España, el Teide, que para más inri es un volcán activo.
Ahí tenemos el Macizo de Anaga, o el Barranco de Masca, o el Parque Natural de Teno o el Parque Nacional del Teide. Senderos a decenas y rutas de volcanes y pueblos que dejarán a más de uno con la boca abierta.
Y cuando ya les he vendido la idea de que no solo hay que venir buscando las playas turísticas de Tenerife, entonces y solo entonces les recomiendo quedarse en el Norte.
El Norte de Tenerife no es para los playeros. De hecho, sus playas, aunque lucen diferentes, no son demasiado aptas para los baños. Incluso el clima no es ese eternamente soleado que tanto se vende y que se corresponde con el del Sur de la isla. En el Norte nos suelen acompañar las nubes y a veces la calima, ese polvo desértico que nos llega del norte de África.
Pero es el Norte el exuberante, el de la vegetación, el de los acantilados y la Naturaleza salvaje, el de municipios con un toque soberanamente diferente como es el Puerto de la Cruz, tan agradable para pasear y disfrutar del perenne sonido del Atlántico chocando en sus rompientes. O como Garachico, ese antiguo y rico puerto comercial al que un día, dos siglos y medio atrás, la tremenda explosión del volcán Trevejo arrasó y que hoy día ha crecido y se vende adaptado a lo que el paso de sus ríos de lava dejó en sus entrañas.
Garachico es, para mí, el municipio más bonito de esta isla. Será porque lo veo con ojos de peninsular reconvertido hace años en insular. O será porque siempre me ha resultado acogedor y el lugar adonde me escapo habitualmente cuando necesito despejarme y relajarme.
Escapáos al Norte. Veniros a Garachico. No es que tenga demasiada oferta hotelera, pero si buscáis os recomiendo un par de ellos: el Hotel la Quinta Roja, reformado no hace mucho, y el el Hotel el Patio, alojado en una hacienda colonial de varias hectáreas de amplitud, entre plataneras y palmerales a la entrada del municipio y cercano al reconstruido puerto marítimo. Pero si buscáis algo un poco más económico pero con un encanto muy especial, entonces os diría que os quedéis en el Garahotel Garachico, en el mismo centro de la ciudad y frente por frente al mar, ubicado en un antiguo edificio de corte tradicional.
Lo disfrutaréis, os lo aseguro. El norte y el Sur de Tenerife son dos mundos opuestos, pero eso sí, complementarios.


1 comentario:

  1. No se como llegaste a mi blog, ni me importa pero los insultos te los metes donde te quepan, que ni te conozco ni te he insultado. Buenas tardes

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